Fides Quaerens intellectum

viernes, agosto 18, 2006

Primer escrito

Bueno, para que el esfuerzo de mi buen amigo Abel García no haya sido en vano, es menester escribir algo. ¿Que escribir? La verdad no sé. Estoy con la mente en blanco frente a la computadora y en el transcurso de los minutos veremos que sale.

¿Quien soy? ¡! Que importa!! Mi nombre es Marcos, mi apellido Paredes. Marcos Paredes. Abel es un amigo mío de la iglesia. Me acuerdo que nos reuníamos en su casa con mi hermano, Dorcas y Daniela. Ahí conversábamos sobre los más fascinantes y diversos temas. Entre esos temas conversábamos también de Dios. Si, creo en Dios y pertenezco a lo evangélico. Estoy incluido en ellos. Así me crié. Con Abel y otros amigos, entre ellos, el celebérrimo Colapso, Pepe el Grillo, Crack, etc, nos reunimos a conversar sobre muchos temas. Teológicos, misiológicos, y todos tipo de cosas relacionadas con las ciencias sociales. Claro, no somos teólogos profesionales pero algunos de los que van son estudiantes graduados en carreras como economía, ingeniería, algunos alumnos avanzados de psicología y cosas por el estilo. Justamente esa riqueza le da un toque especial a las conversaciones porque cada uno puede entender y aportar las cosas desde su propio campo de estudio. Y para los que no creen en eso les diré que para estudiar en el seminario Fuller de USA tienes que haber estudiado alguna carrera antes de poder estudiar la maestría teología, tienes que tener un bachierato en algo. La verdad es que en las reuniones hay un tiempo bastante especial en el cual se puede aprender mucho y escuchar a las personas. Y sobre todo oír la voz de Dios. Y, ¿Qué podemos saber nosotros? ¿Qué puedo saber yo? ¿Qué puedes saber tú, que eres como yo, que eres un simple feligrés que no ha estudiado 10 años de teología? Algo de lo que estoy seguro que se, de repente lo único que se es que tengo preguntas. Y tu, mi estimado lector, seguramente también tienes preguntas. Y esas preguntas son válidas, son valiosas, son como el oro, o más valioso. ¿Cuáles son tus preguntas? Si fueras un griego del siglo 1 o 2 de repente sería: ¿Cómo puede ser Cristo “Deus” y “homo” a la vez? Si fueras Judío-cristiano del mismo período de repente preguntarías: ¿Por qué Cristo no derrumbó al imperio romano y gobierna el sobre todo?

Si fueras peruano o latinoamericano de este año 2006. ¿Cuáles son tus preguntas? ¿Qué haces con esas preguntas? ¿Buscas respuestas? ¿Y si las buscas y te dan una de esas clásicas respuestas que no te llenan para nada? ¿Que haces? Algo que me gusta de las reuniones que tenemos es que estamos abiertos a todo tipo de respuestas y argumentaciones. Algo que me da tristeza y sincera pena es cuando las personas se cierran en sus moldes y no están dispuestos ni siquiera a escuchar a otras personas y otros pensamientos. Algo que nos pasa muchas veces a nosotros lo evangélicos es que nos cerramos bastante en nuestras ideas y nuestras costumbres y a veces las sacralizamos sin pensar mucho en lo que hacemos. Inclusive en muchos casos hay miedo a la lectura de algunos libros. Me acuerdo que me contaban que en un seminario de teología (evangélica). No diré cual es ni en que país latinoamericano se encuentra, se prohibía a los alumnos a leer ciertos libros porque podían desviarlos. Esos libros estaban reservados sólo para los profesores. Lo gracioso es que el ingenio de los alumnos podía más que la prohibición del seminario y lograban leerlos con las más ingeniosas técnicas. Esa prohibición, tengo entendido, ahora ya no existe. Pero me hace pensar en que a veces nos parecemos a la iglesia católica de la edad media. Prohibiendo libros, a veces pensando que la diversidad es pecado. Que todo debe ser uniforme. Es gracioso pero algunos elementos se parecen mucho a la edad media. Los evangélicos hemos sido tan buenos criticando a la iglesia católica y muchas veces hemos cometido los mismos actos de la edad media cometidos por ellos. Pero bueno, en otro momento se podrá conversar más de eso.

Supongo que lo que quiero decir es que es importante tener espacios para conversar libremente de todo. Decir lo que se siente, lanzar preguntas, buscar respuestas, invitar a personas capacitadas para que nos enseñen, poner diferentes puntos de vista sobre la mesa y sobre todo, buscar la dirección del espíritu santo. Porque seamos sinceros. Todos somos seres limitados. Y las personas más capaces y más eruditas por lo general son las primeras en darse cuenta que pueden equivocarse y que no lo saben todo. Me acuerdo que una ves fui a una conferencia donde vinieron prestigiosos teólogos de Estados Unidos, y pastores y más teólogos de todo el Perú. El tema era sobre misiones a corto plazo. Fue un tiempo muy bonito y especial en el que pude aprender mucho de la experiencia de los panelistas y de todos los presentes. Pero lo que más me impacto de todo fue una persona que había venido de Huancavelica. Era un señor de unos treinta y tantos años. Se le notaba extremadamente humilde en vestimenta. Caminaba un poco lento, a veces parecía que cojeaba. Desentonaba bastante en ese lugar lleno de personas con camisas, algunos en terno. Se le acercó a uno de los organizadores para saludarlo y escuche que le dijo que era de Huancavelica y que no podía pagar todo y que le diera una rebaja. Tenía una voz temblorosa, no se le entendía bien, pero tenía una sonrisa que parecía que el mismo Cristo esta sonriendo por el. Paraba solo pero siempre con una sonrisa, se le notaba muy contento. Caminaba lento, sonriendo, mirando todo, escuchando todo. Yo no sabía si entendería de lo que hablaban los panelistas. Disfrutaba observándolo, como caminaba , como sonreía, aunque parecía que no tenía nada de dinero, y paraba solo y estaba vestido con ropa bastante vieja y golpeada por la vida, pero fuera de todo eso parecía tener algo muy valioso en su corazón. En el comedor miraba un mapa del Perú que había en una pared, buscaba su tierra, Huancavelica. Se quedaba buen rato mirándolo, como si no lo encontraba. Pero lo buscaba con una sonrisa y una alegría que difícilmente se puede ver en una persona. Lo que aprendí de aquel señor fue la humildad. Una persona que no se avergonzaba de su condición. Que le sonreía a la vida. Que caminaba lento y con sus gestos era sincero. Una persona que desafiaba todo el sistema de códigos sociales y era contento haciéndolo sin darse cuenta.

Las personas más grandes que he conocido en mi vida han sido personas que la humildad ha sido una característica sincera en ellas. Por eso siempre trato de recordar que cuando pienso que se mucho es cuando realmente no se nada. Por eso trato de buscar respuestas. Y no asumo que se todo y ya está todo dicho. Por eso creo que hay que tener humildad al buscar conocimiento. No todo lo que creemos y hemos creído desde siempre es verdadero o cierto. Para buscar la verdad uno tiene que ser humilde y sincero y no asumir que lo sabe todo. Eso es algo que me gusta de las reuniones con mis amigos. Que revisamos las cosas, conversamos, preguntamos, nos equivocamos, aprendemos, avanzamos, y no asumimos que lo sabemos todo. Si lees esto espero que también tengas un espacio donde conversar de todo. Pero siempre con temor y temblor y sobre todo con sinceridad y amor.

Bueno eso fue lo que me salió en el momento. Se que no hay orden y que meto temas de la nada y salgo de ellos con la misma facilidad pero la idea era escribir algo en el momento, sin tener algo pensado o planeado. Ya después se me ocurrirá algo. Ahora si Abel, he cumplido, escribí algo!